El blog de Sandra











Hay un refrán que dice: “El que con niños se acuesta, cagao se levanta”.
Algo así me ha pasado a mí este fin de semana. Pero es que ahora es más difícil calcular la edad… Cuando yo tenía 10 años parecía que tenía 10 años. Cuando tenía 14 parecía que tenía 14. A los 18 años, si me apuras, aparentaba 17. Y ahora, con 24 primaveras, parece que tengo entre 22 y 25 años.
Pero ahora los frosties del desayuno, o yo qué sé qué comen las niñas de ahora, las de 15 parece que tienen 18 y las de 17 parece que tienen veintitantos. Será por la leche enriquecida en calcio, que se les ponen las tetas más grandes, o vete tú a saber. El caso es que deberían tener un cartel en el culo que ponga la edad que tienen, o que se lo pongan en las orejas como a las terneritas, o que anden con el carnet de identidad en la boca, como en los chistes de Forges.
Y es que no estamos hablando de ninguna tontería, aunque así lo marque la categoría de este blog, sino que estamos hablando de un putadón. Cuando alguien se lia con otra persona que está casada, y la primera no conoce esa eventualidad, no pasa nada (fuera, claro está, del posible dilema ético al que se enfrenta el “encornador”). No existe ningún delito. Pero cuando alguien se lia con un/una menor sin que este/a le diga la edad, o peor aún, mintiéndole, sí que existe delito. Ya que la ausencia de conocimiento no exime de la culpa. O sea, que además de “al que con niños se acuesta, cagao se levanta” hay que añadir “al que con niños se acuesta, pederasta le llaman”.
Y la cosa sucedió que tras toda la noche tonteando me propuso ir a mi casa. Y como la tontera la llevabamos las dos, pues bueno, pues de acuerdo. Y resulta que a la mañana siguiente me despierta exclamando que su padre la mata, que tenía que estar en casa a las cinco de la mañana. Yo, entre extrañada y divertida le pregunté que cuántos añitos tenía para andar así con su padre… ya sabéis, la típica pregunta retórica. ¡¡¡¡Y la muy cabrona me suelta que dieciseis años!!!! Imaginaos la papeleta. El careto que se le queda a una…
Quizás mi reacción fue un poco desproporcionada (al menos eso dicen mis amigos/as… yo creo que no tanto) pero después de decirle tres cosas bien dichas y echarle de mi casa me quedé pensando: Ya no es sólo el cuerpo que tienen con dieciseis o la ropa que usan, sino cómo hablan, cómo bailan, cómo beben y cómo fuman, cómo se rien y de qué cosas hablan, las cosas que saben hacer y las cosas que quieren que les hagan.
Con dieciseis años yo casi tenía los calostros de mi madre colgando de la nariz. ¡¡Con dieciseis años mi padre me daba tres mil pesetas de paga!! Con dieciseis años no se me ocurría irme sola a una discoteca a tirar la caña y pescar a alguien con un cuarto de siglo de antigüedad. Es más, ni loca le proponía al incauto o incauta que me llevara a su casa. Yo, con dieciseis años, podría decir que era un poco guarrilla. Si exagero bastante podría incluso decir que era la más guarrilla de mi clase. ¡¡¡Pero, coño, esta era la más puta de la discoteca!!!
Así que he aprendido una valiosa lección este fín de semana: a no ser que peine canas me aseguraré muy mucho de la edad de la gente a la que invito a probar mis sábanas de raso. Pero, claro, eso tampoco vale, porque ahora todo el mundo se tiñe, nos haga falta o no. ¿La solución es preguntar a todo el mundo la edad que tienen? Está claro que no me puedo fiar de ciertas cosas que antes podían indicar la edad mínima de una persona. Ahora, que esté dentro de un local para mayores de 18 años no quiere decir que tenga como poco 18 años. Que esté bebiendo alcohol no quiere decir que sea mayor de edad. Que esté fumando no quiere decir que legalmente pueda hacerlo. Y, una de esas paradojas de las leyes: La tierna muchachita de dieciseis años puede, legalmente, acostarse con una persona mayor de edad; pero una persona mayor de edad no puede acostarse con una tierna muchachita de dieciseis años.
Si ponemos en un lado de la balanza las cosas legales e ilegales que hizo (culpable) o no hizo (inocente) ella aquella noche:
1.- Fumar tabaco con menos de 18 años: ILEGAL y CULPABLE
2.- Consumo de hachis: ILEGAL y CULPABLE
3.- Beber alcohol con menos de 18 años: ILEGAL y CULPABLE
4.- Permanecer en un local para mayores de edad con menos de 18 años sin la compañía de un padre y/o tutor: ILEGAL y CULPABLE
5.- Tener menos de 18 años y mantener relaciones sexuales con una persona mayor de edad: LEGAL y CULPABLE
Y en el otro lado de la balanza las cosas legales e ilegales que yo hice (culpable) o no hice (inocente) aquella noche:
1.- Fumar tabaco con más de 18 años: LEGAL e INOCENTE
2.- Consumo de hachís: ILEGAL e INOCENTE
3.- Beber alcohol con más de 18 años: LEGAL e INOCENTE
4.- Permanecer en un local para mayores de edad con más de 18 años: LEGAL y CULPABLE
5.- Tener más de 18 años y mantener relaciones sexuales con una persona menor de edad: ILEGAL y CULPABLE
¿¡¡No os parece bastante paradógico que ante una denuncia puesta por mí hacia ella la que podría ir a la carcel fuera yo!!?
Obviamente, esto no va a quedar en más que una anecdota para contar a mis hijos (si es que algún día los tengo) cuando empiecen a salir y lleven unos años pajeandose… les diré: “Cuidado con las niñas, que mirad lo que me pasó a mí, vuestra madre, con una niña de vuestra edad…”.
Algunos me dirán que quizás debería asumir que con dieciseis años yo era una niña, pero las de ahora, con la misma edad ya son mujeres. No estoy de acuerdo. Puedo asumir que con dieciseis años yo era una niña, pero las de ahora, con la misma edad, son una crias con tetas y con tanga. Y bastante putas, por cierto.

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et cetera