El blog de Sandra











{octubre 9, 2007}   El loco de mo barrio

Buenos días a todos y todas:
Seguro que habéis oido alguna vez la frase “Hace un día estupendo, verás como viene alguno y lo jode”. Pues hoy me lo han jodido a mí. Como todas las mañanas antes de ir a trabajar, he salido a comprar el pan y el periódico. Es una costumbre que me metió en el cuerpo mi padre cuando era pequeña. Todos los días, antes de ir al colegio, mi padre me daba 300 pesetas, para que comprara el pan, el periódico y me quedara con las vueltas. Cuando volvía de comprar solía entretenerme jugando en los columpios… nada del otro mundo: un par de columpiadas, una deslizada por el tobogán y a casa con el recado. Y luego a clase.
Hoy, como todos los días, he salido a comprar y por el camino me he encontrado con la gente con la que suelo cruzarme a diario: el vecino del primero paseando a su pastor alemán, al gendarme haciendo su ronda frente al BPF, a la dueña de la tienda de animales barriendo su entrada y al loco del barrio. Generalmente saludo a todos ellos con un “¡Bonjour!”, hago mis compras y cuando regreso a casa, como ya no tengo edad de entretenerme en los columpios, me entretengo hablando con el loco del barrio.
Este loco, parece ser, no vive en el barrio, pero suele pasear por él. Es un señor de mediana edad, bastante descuidado, que habla y canta a voz en grito desde las seis de la mañana. Nunca se mete con nadie, nunca insulta a nadie (salvo a los políticos, eso sí, de cualquier bando), nunca se ha mostrado violento, no roba, no pide dinero… antes bien, saluda amablemente a todos con los que se cruza, con una sonrisa quebrada que muestra los escasos dientes podridos. Nunca se le ve borracho o drogado, está sucio, pero no huele mal (tampoco bien). Posee un repertorio enorme de canciones populares, de historias y debates. Suele cantar a menudo “La Marseillaise”, himno que afirma haber compuesto él. También habla de los tiempos en los que su pueblo pasaba hambre y tenían que matar a los reyes que gastaban el pan de los pobres en alguna fiesta para algún “pédale”, de cuando los alemanes intentaron entrar en su ciudad pero organizó un grupo de valientes al que llamó “La résistance”, de cuando cenó con DeGaulle y le dijo un par de cosas bien dichas, de cuando le tocó la lotería y todo el dinero se lo llevó una de sus mujeres, de cuando encontró un diamante robado y lo devolvió…
Generalmente, cuando salgo de casa a comprar llevo lo primero que encuentro: las zapatillas Converse (por cierto, qué baratas eran cuando era pequeña y lo caras y de moda que se han puesto ahora), los vaqueros amplios rasgados, la sudadera enorme,… vamos, lo justo para ir cómoda. Mauricio (así me dijo un día que le llamara) me suele saludar con un mal pronunciado “Olé, la española cuando besa”, yo con un “Bonjour, Mauricio” y comenzamos a hablar bajo la atenta y sorprendida mirada de los transeuntes. Pero hoy yo tenía una reunión en el trabajo bastante importante (que, por cierto, se ha pasado para otro día) y en lugar de ir con mi look “paso de convinar la ropa” iba con un elegante vestido azul cortito, zapatos de tacón del mismo color y un bonito portafolios de cuero. Cuando llevaba minuto y medio hablando con Mauricio dos gendarmes (uno de ellos era habitual del barrio) se han acercado a nosotros, han empujado a mi interlocutor, lo han arrinconado y han comenzado a gritarle que me dejara en paz, que me estaba molestando y que se fuera de allí. Yo, más desconcertada que Paris Hilton en presidio, me he dirijido indignada a uno de los gendarmes para explicarle que se estaban confundiendo, que lo conocía y siempre hablaba con él, que no era peligroso, que dejaran de intimidarle. Pero no, la respuesta que me ha dado, apenas sin volverse, ha sido “Tais-toi!” (algo así como “¡Callese!”) y me ha apartado ligeramente con el brazo. Y Mauricio, que no olvidemos que el pobre es el loco del barrio, al ver cómo me trataba aquel gendarme, le ha propinado lo que vulgarmente se llama “un ostiazo en toda la cara” a la vez que gritaba “laisse elle tranquille!!”.
¿Cómo ha acabado todo? Pues como tenía que acabar. Le han inmovilizado (después de devolverle la ostia con intereses), no me han dejado explicarme, y se lo han llevado.
Parece ser que este gendarme no me ha reconocido, o no ha querido reconocerme, o tenía un mal día, o quería demostrar algo delante de la señorita en apuros, o quería enseñar algo a su nuevo compañero, o quería joder el día a Mauricio, o quería jodermelo a mí, o…
Parece mentira que, tras tantos años de evolución, sigamos teniendo comportamientos tan animales. Entre algunos animales, el jefe del en ocasiones lleva un palo como señal de autoridad (los monos y los elefantes, especialmente) como el ser humano (el cetro de los reyes) o tiene un distintivo característico (la cornamenta más grande, la melena más espesa, el lomo más plateado, los colmillos más grandes, la placa más brillante, el uniforme más planchado, las medallas mejor ganadas, la candidatura más votada, las bombas lapa mejor colocadas, el ejercito más poderoso…) que le permite abusar de los demás sin miedo a las represalias, sin importar los derechos de los demás.
Hoy hacía un día estupendo, y ha venido el sistema y me lo ha jodido. Hoy he salido a comprar como cuando era niña, y he vuelto a casa con 80 años más. Hoy iba vestida a trabajar como una princesa, y se me ha corrido el rimel de llorar como una puta. Hoy me he parado a hablar con el loco de mi barrio, y he escuchado la voz de la autoridad. Hoy me he sentido atacada por la policía, y el preso me ha defendido.

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