El blog de Sandra











{junio 12, 2007}   Más franceses

Tras la dicusión de ayer, acudieron a mi casa a ver una película española que aún no habían visto: “El Capitán Alatriste”.
Es curioso su modo de pensar:
Quien la haya visto recordará posiblemente una escena en la que los franceses proponen una rendición a las diezmadas tropas españolas, perdonándoles la vida. Los españoles, agradecidos, señalan que gracias pero no, que ustedes son muy amables pero nosotros somos un tercio español, y que la rendición no es costumbre de caballeros gentiles. Así que se preparan para morir matando.
Mis compañeros veían esta escena entre el asombro y la mofa. “¡Pero son estúpidos! ¿¡No ven que van a morir!?”
Bien, ni qué decir tiene que palabras como el honor, la valentía, el patriotismo, el sentido del deber… son palabras que no entran en su vocabulario. Al fin y al cabo, les dije, nunca lo entenderíais. Mientras vosotros cortabais las cabezas de vuestros monarcas nosotros entronizábamos a un retrasado endogámico… tenemos distintos puntos de vista.

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{junio 11, 2007}   Me mudo

¡Hola, mundo!

Buenos, días.

Hoy me propongo escribir un diario. De hecho, me propongo escribir un diario otra vez. ¿No os ha pasado nunca que empezáis con ilusión a escribir y a la semana ya está olvidado? Te compras el cuaderno en blanco, una pluma, un marca-páginas y un candado y escribes tu nombre. Te dispones a plasmar todo lo que has hecho ese día y… nada. Es una jodida mierda. Admitámoslo, no tenemos una vida interesante.

Como yo ya estoy mayorcita para tener un cuaderno con la foto de Brad Pitt, con un candado de juguete y escribir con pluma, he decidido hacerlo en este blog. Además, me importa un bledo que lo lea cualquiera, ya que no pienso escribir sobre mi vida (ya hemos quedado que es demasiado aburrida), sino sobre la vida de los demás. Quien dice sobre la vida de los demás, dice sobre cualquier tontacada.

Por ejemplo, el lunes unos compañeros de trabajo me tocaron las narices. Según llegué a trabajar, muy risueña porque en mi tierra celebraban la aplastante victoria sobre los franceses, me advirtieron del error cometido por los historiadores españoles al señalar que los logroñeses habían soportado un sitio en la muy noble y muy leal capital riojana pescando en el río Ebro, sino que las tropas napoleónicas, a su paso por la capital, decidieron acampar extramuros y, los logroñeses acojonados, optaron por no salir. Así les habían enseñado a ellos la historia.

Cuando les conté la versión española de la historia se mofaron en mi cara y añadieron que “ningún general era tan estúpido como para dejarse engañar por una treta así” (no voy a relatar aquí la historia del sitio, por no aburrir a los lectores), y apuntaron que posiblemente los franceses permanecieron tanto tiempo acampados en las murallas de Logroño “porque todas las españolas (bien es sabido en toda Europa) son unas fulanas”.

Así que, finalmente, revasaron el límite de lo que soy capaz de aceptar. Comenzamos una discusión sobre estereotípos, prejucios y sandeces varias referentes a los usos y costumbres de los ciudadonos del mundo. “Las españolas son unas fulanas, los españoles unos vagos, los portugueses unos cerdos, los ingleses unos borrachos, los italianos unos pulpos, las italianas unas frígidas, las potuguesas unas bigotudas, los estadounidenses unos estúpidos ignorantes, los chinos son ludópatas…”. Ellos, como franceses, se ven como lo más selecto de cada casa. No obstante, coincidían mis dos compañeros en una cosa conmigo: tanto los españoles como las españolas, vagos unos y fulanas otras, no tienen ningún aprecio a la vida del francés medio, y era importante recordar en no decirles a la cara “vagos y fulanas”, porque podrían tomarlo a mal y atravesar de un navajazo el plano vientre francés (según ellos, todos los españoles llevamos una navaja entre la ropa).



et cetera